Los tics en la infancia se presentan como vocalizaciones o movimientos musculares rápidos, recurrentes, no rítmicos y estereotipados, que se manifiestan de forma involuntaria y sin propósito a intervalos irregulares. Se pueden reproducir voluntariamente y desaparecen durante el sueño. Los niños que padecen este trastorno sienten un deseo irrefrenable por hacer el tic y si intentan controlarlo voluntariamente, aumenta su tensión e inquietud, siendo su necesidad por realizarlo imperiosa y sintiendo alivio tras ejecutarlo.
El trastorno de tics suele ser un problema que afecta a un 20% de los niños en edad escolar, presentándose cuatro veces más en los niños que en las niñas. Generalmente, los tics aparecen alrededor de los 4 y 6 años, y se pueden acentuar entre los 8 y 12 años. Aunque en torno a los 15 años, tienden a reducirse o a desaparecer. Por lo que en la mayoría de los casos, se puede afirmar que son transitorios, y su evolución típica es con periodos de exacerbación y remisión, independientemente del tratamiento. En cambio, los tics crónicos son menos frecuentes, duran más de un año, siempre aparecen antes de los 18 años, y un ejemplo es el Síndrome de Tourette.
Consisten en un sonido como aclararse la garganta, hacer gemidos, toser, silbar, hacer resoplidos, ruidos nasales, gruñidos, carraspeos o inspirar por la nariz.
Son combinaciones de sonidos, repetición de palabras, sílabas o frases propias (palilalia) o del interlocutor (ecolalia). También, repetición de palabras malsonantes, insultos o soeces (coprolalia), estos últimos más típicos en el Síndrome de Tourette.
Comprometen a más de un grupo de músculos, como parpadeos, gestos faciales, giros del cuello, encogimiento de hombros, o fruncir el ceño.
Son movimientos más coordinados que implican varios grupos musculares, como tocar objetos, olisquear objetos, saltar, dar pasos hacia atrás, girar sobre sí mismo, doblar rodillas, y gesticular con las manos.
Entre las causas que originan, se han mencionado factores genéticos, psicológicos y ambientales, tanto en su origen como exacerbación.
Además, el trastorno de tics en la infancia suele ser comórbido a otros trastornos como el Trastorno de la atención e hiperactividad y el Trastorno obsesivo compulsivo, y en adolescentes, se suele asociar con trastornos del estado de ánimo y consumo de sustancias.
Los tics empeoran con la ansiedad, tensión emocional, con el cansancio, en situaciones de estrés y de máxima concentración. Algunos factores, como la fatiga, la falta de sueño, las temperaturas extremas y la sobre estimulación ambiental (televisión, videojuegos, móvil…) exacerban los tics. En cambio, los tics mejoran o se reducen con actividades tranquilas o con algún propósito, como por ejemplo, cuando hacen deberes, dibujan o juegan tranquilamente.
Los tics en la infancia suelen reducir la autoestima y la autoimagen del niño, ya que les llevan a vivir continuamente situaciones sociales vergonzosas, de las que no son capaces de huir. Es por ello, que suelen tener miedo al rechazo de los compañeros, a vivir constantemente sus burlas, y pueden llegar a sufrir aislamiento social en la escuela.
Además, pierden mucho tiempo en intentar controlarlos y esto les lleva a desatender en clase, por lo que su rendimiento escolar se puede ver afectado, y también su desarrollo social. El hecho de controlarlos durante la vigilia escolar, hace que cuando lleguen a casa y se relajen, aumente mucho la frecuencia de los tics, produciendo malestar familiar e interferencia en las labores de casa. A esto se le suma, que padecen consecuencias físicas, como dolores de cabeza, dolores musculares o lesiones, cansancio, fatiga y falta de concentración.
A continuación tenéis un cuaderno para padres que os habla de los tics en la infancia, y de cómo podéis actuar vosotros y registrar los tics de vuestro hijo.
Aquí tenéis un cuaderno-guía pensado para los padres con hijos con Tics, editado por Viguera Editores. En él se habla de los tics, cómo podéis actuar vosotros como padres para ayudar, varias tablas de registro de tics y situaciones, así como lecturas recomendadas.
Cuando los tics en la infancia persistan más de un año o menos cuando éstos interfieran en el rendimiento escolar y en la vida social y familiar, produzcan sufrimiento físico o emocional en el niño, o cuando presente otra sintomatología asociada que haga empeorar el cuadro, como la presencia de TDAH, TOC, trastorno específico del aprendizaje, problemas de visión, trastornos del sueño, o cambios en la conducta.
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